
El 20 de diciembre de 2.009 vivimos en carne y hueso la realización de un sueño de la juventud: la celebración de un evento en un edificio construído en Tarragona 14, Galapagar, Madrid, España. Por si acaso no sabes la historia, te la cuento, a grandes rasgos.
Fue por el otoño de 1.989 cuando, como joven grupo creciente de cristianos evangélicos, compramos una parcela en las afueras de Villalba, con la intención de construir un edificio. Recibimos el permiso del arquitecto municipal del pequeño pueblo de Galapagar, el municipio que roza fronteras con el de Collado Villalba. El día que comenzó la obra, para nuestra gran sorpresa, la policía municipal de Galapagar llegó y paró la obra. No sabíamos nada en ese momento, pero poco a poquito nos íbamos enterando de los problemas internos de aquella administración política de Galapagar. Había echado al arquitecto municipal, y con él, todos los proyectos que él había aprobado. Nuestro proyecto era uno entre muchos. Lo que pasa es que nosotros habíamos comprado la parcela, pagado al arquitecto un dineral por el proyecto, y el ilustrísimo Ayuntamiento de Galapagar había recibido tan contento nuestro pago del impuesto correspondiente por la licencia de obra (cerca de un millón de pesetas, la moneda del tiempo en el siglo pasado, el equivalente a unos 6.000 euros). 
Espero que sientas un poco la emoción en todo esto, porque desde luego que no faltaron emociones, por parte de nadie. Durante casi dos años, nosotros intentamos comprender aquellas circunstancias. Los cristianos son personas especiales, con sentimientos e ideas tan diversas que no suelen esconder. Algunos llamaron a los periodicos, otros querían mantener silencio completo delante de Dios. Algunos estaban seguros de que el Ayuntamiento era Satanás, atacando la Iglesia de Jesucristo, otros opinaban igual de convencidos de que todo esto señalaba que como grupo habíamos salido de la voluntad de Dios. Por parte de la administración política, algunos no nos dirigiría la palabra, mientras otros nos hablaban con toda la simpatía del mundo, viendo la injusticia que nos habían hecho. No sé cuántas veces visitamos el Ayuntamiento de Galapagar, a su edil de ese momento (que ha cambiado no sé cuántas veces desde aquel entonces), intentando “ir por las buenas.” Llegó el momento cuando nos dimos cuenta de que el dicho “hablando se entiende la gente” no siempre funciona, y sobre todo cuando se trata de personas metidas en la política.
Cuando uno lleva algo a los tribunales, los dos lados tienen que exponer sus argumentos. Poco después de comenzar el proceso legal, aprendimos al argumento de la administración de Galapagar. El ex-arquitecto municipal nos había concedido la licencia de obra bajo la categoría urbanistica de usos culturales. En la Colonia España, la urbanización dónde está ubicada la parcela, existían las categorías de tanto porcentaje para los usos siguientes: residencial, colegios, una iglesia católica, negocio, y cultural. Como no existía nada para una iglesia protestante, fue el mismo arquitecto municipal que nos surgió la idea de pedir el permiso bajo la categoría uso cultural. Claro está, la primera y última pregunta fue si nosotros, como comunidad o iglesia de cristianos evangélicos, ¿podríamos reunirnos y celebrar eventos religiosos en un edificio en un edificio bajo la categoría cultural? Nos aseguró que sí. ¿Esa razonamiento estaba bien o mal por parte del dirigente muncipal? Pues, no lo sé, y realmente no viene al caso. Cuando uno es una minoría protestante en un país católico, hace lo que bien puede para intentar convivir con el gobierno. El hecho de que fuimos directamente al gobierno ANTES de comprar la parcela, de una manera honesta e inocente, mostró nuestra intención de hacer todo bien y legalmente.

En fin, al argumento que utilizó la administración municipal ya dividida fue una interpretación alternativa sobre sus propias normas urbanísticas: que la norma que decía que un 10% de la Colonia España se podría dedicar a usos culturales quería decir que cada vecino, en su propia parcela, podría (¿debería?) dedicar un 10% de su parcela a usos culturales. Llámanos tontos, pero a nosotros nos parecía un poco más lógico que esa norma se refería a toda la Colonia España. La verdad es que no era tan difícil encontrar a un abogado que estaba de acuerdo con nosotros. Y aunque tardó unos 13 años, el grupo de jueces en el Tribunal Superior de Madrid también nos dio la razón.
Con la sentencia en mano, volvimos al Ayuntamiento de Galapagar, y hablamos con el Alcalde. Le dijimos que no queríamos una indemnización, sino paz, buenas relaciones, y el permiso de construir nuestro edificio. Eso sí, no nos parecía justo el tener que pagar más impuestos, ya que en el tiempo transcurrido el coste de la construcción había subido de un presupuesto de 125.000 euros a unos 500.000 euros. Afortunadamente, estaba de acuerdo. Nosotros escribimos el acuerdo, y con pocas modificaciones, el Pleno del Ayuntamiento lo aprobó. Lo que sí nos pidió, detalle que nos parecía lógico, era que pusiéramos al día el proyecto para estar conforme con todas las leyes y normas urbanísticas nuevas. 
Fuimos en busca de nuestro arquitecto, él que firmó el proyecto en el principio. Fue entonces cuando descubrimos que había fallecido en un acidente de moto. Tuvimos que buscar a otro arquitecto que se atravía a asumir un proyecto ya desarrollado con mucha historia (tela marinera). Tardamos un par de años, entrevistando a muchos arquitectos (uno que tan tranquilamente nos pidió un millón de euros) antes de por fin encontrar a uno que nos parecía honesto y adecuado para llevarnos a buen fin.

Cómo una historia dentro de la historia, después de ganar nosotros el juicio, cambió otra vez la administración política de Galapagar. El nuevo abogado vio la sentencia de nuestro caso, sin molestarse por investigar, preguntar o mirar el acuerdo hecho por el Pleno (claro, de la administración pasada), y directamento metió el caso otra vez en los tribunales, recurriendo así la sentencia. Claro, nosotros no sabíamos nada de esto hasta que nuestra abogada se enteró y nos llamó. Como puedes imaginar, nosotros pensábamos algo como “qué bien, ¿y ahora qué hacemos?” Pues resulta que a ese abogado muncipal le podría haber caído encima algo muy gordo (la verdad es que no sé explicar los detalles legales, pero nuestra abogada sí entendía todo eso y estaba convencida de ello) por recurrir ilegalmente teniendo un acuerdo legal firmado por el Pleno del mismo ayuntamiento (que evidentemente equivale una ley). Nos dijo que, con nuestro permiso, y en el espíritu de nuestra actitud y acción de desear mantener buenas relaciones con el gobierno local, que solamente una visita por su parte para informar a su colega abogado de su infracción de una manera extra-oficial, desaparecería el caso. Pues, así fue, casi. Antes de que pudiera quitar el caso el nuevo abogado municipal, llegó al Tribunal Supremo de Madrid, y otra vez ganamos nosotros. O sea, ganamos el caso dos veces, en dos tribunales diferentes. Nunca supimos nada más de este abogado ni de problemas legales.
Es difícil de expresar en palabras lo que sientes en un momento como ayer. Para mi personalmente no fue euforía, como uno podría imaginar. Y, no sé por qué. Desde luego que era un momento que había esperado durante mucho tiempo. Sí que había trabajado y hecho muchos esfuerzos diferentes en muchas ocasiones durantes muchos años. Pero también en el transcurso del tiempo, he visto a muchas personas que han venido y que se han ido. Aparte del aguijón en la carne que era la lucha legal durante todos estos años, y luego el aspecto económico de buscar fondos para abarcar un proyecto tan amplio, la vida ha seguido adelante. Ha habido muchas otras cosas. El tiempo ha pasado y mis hijos han crecido y ya están casados con sus propias familias y vidas. Lo mismo ha pasado en las vidas de las demás personas que estaban involucradas desde el primer momento en esta lucha. Y todos hemos tenido nuestras propias luchas en otras áreas de la vida. La verdad es cuando alguien me habla de perseverancia o fidelidad, me suena un poco extraño. Al principio sentía que no era nada así (perserverancia o fidelidad), y así lo escribí cuando empecé esta entrada en mi blog. Luego, volví a leerlo todo. Leí las líneas que vienen ahora a continuación, y me dije “pues si esto no es la perservancia, no sé qué es.” Quizás lo mejor es decir “esto es como ha sido la perseverancia en este caso.” Tuvimos que seguir viviendo la vida, seguir luchando cuando nos tocaba luchar, tomar cada cosa que nos venía cuando nos venía (eso sí, las cosas así no suelen venir en momentos oportunos, más bien vienen cuando menos tiempo y ganas tienes), y nunca nos dimos por vencidos, con mucha paciencia dejamos las cosas seguir su cauce, y al final, mira, aquí estamos en este momento. Un dicho viene a la mente: “las ruedas de la justicia se mueven lentamente, pero se mueven.”

Susana y yo, haciendo un comentario sobre todo esto, reflexionamos que ella realmente nunca dejó de creer en el proyecto, y nunca estaba dispuesta a darse por vencida. Yo sí, y muchas veces. Pero por la realidad de las normas de la sociedad o cultura, me tocó a mí hacer las gestiones –ir al ayuntamiento, buscar a un abogado, a un arquitecto, a un constructor, etc. Pero también, por mi manera de ser, a lo largo del proceso también busqué a personas diferentes en qué apoyarme y para ayudarme con las decisiones. Ahora que miro hacia atrás, veo que esas personas también han sido varias y que han cambiado a lo largo de los años. Seguramente cada uno de ellos tendrán sus perspectivas, que serán iguales o diferentes que la mía. Pero este es mi blog y mi perspectiva, y ellos podrán escribir su perspectiva de su historia donde quieran.
O bien por la edad, los años, las muchas experiencias vividas, o porque soy así, la verdad es que aún no he sentido muchas emociones, por no decir casi ninguna. Mi esposa sí que ha sentido muchas emociones, y de otras experiencias parecidas en el pasado, me dice que alguna vez me daré cuenta de lo ocurrido y entonces sentiré las emociones. Tal vez tenga razón. Si no es nada más, me imagino que mirando hacia atrás en lo que es la trayectoria de mi vida, este evento será uno de los grandes. Y no es necesariamente por el edificio en sí, aunque es un recordatorio tangible de ello, sino todo lo que representa en una lucha que ha durado un alto porcentaje de lo que es mi vida.
Emoción o no, una cosa sé: que la realización de cualquier cosa que era un sueño hace tanto tiempo atrás en la vida es un logro digno de celebrar. En este sentido, el 20 de diciembre de 2009 fue un día para la celebración. Lo hicimos, y unas 130 personas nos acompañaron en la celebración. Los comentos de varias personas fueron y son para notar:
- Enhorabuena
- Qué acontecimiento
- Qué grande
- Gracias a Dios
- Estamos viviendo la historia
- ¿Te acuerdas cuándo…?”
Según Salomón, un hombre sabio, todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Digo yo, este acontecimiento cae en este campo de pensamientos.

Pues, el tiempo para la construcción de un edificio para aquella grupo de cristianos evangélicos de hace 20 años por fin llegó. Aun con sus defectos, allí está el edificio, como testimonio de aquel sueño de hace 20 años. Gracias Dios.
